Que suene La Marcha de Zacatecas.

Cómo; aún no lo creo, se murió el Perro Aguayo.

Él era de los primeros súper héroes de carne y hueso que vi en vivo en el viejo palenque de la feria, allá en los 80´s, en un Zacatecas que vitoreaba a su ídolo cada vez que en el cuadrilátero se batía a duelo con el Hijo del Santo, los Hermanos Dinamita, los Villanos o Konan. Él hacía sonar “La Marcha de Zacatecas” invocando la batalla y… La gente excitada gritaba “Perro, Perro, Perro”.

Si, yo fui uno de esos niños que se emocionaba los domingos viendo la lucha libre en el canal dos esperando saliera el Perro Aguayo a escena, entonces, con la adrenalina al máximo saltaba en el sillón emocionado, apoyando al paisano, al ídolo, al zacatecano pues.

Se murió el Perro Aguayo. Últimamente se han muerto los ídolos de mi infancia, esos que me inspiraron a escribir, dibujar y soñar. Chingao, el “Perro” era uno de ellos.

Me quedé con ganas de hacer unas fotografías de él en su gimnasio de Guadalajara. Nunca pudimos concretar proyecto, solo un par de correos electrónicos con la familia y ahí quedo todo.

Lo entreviste en el 2002 o 2003, no recuerdo. Me emocione. Pedí se me diera la oportunidad de hacerlo; esa vez el periódico para en el cual yo trabajaba lo iba a homenajear, yo cubría cultura y poco me interesaban los deportes pero era mi ídolo de la infancia el que estaría paseando por la redacción, no podía dejar pasar la oportunidad; me aferré y logre la entrevista, torpe de yo, ese día me había puesto un playera estampada con la máscara de El Santo, su enemigo en el ring, él bromeó con eso, yo enrojecí de la vergüenza ante mi torpeza.

Hombre de palabras simples pero de ideas y conceptos claros, hablaba con amor de la lucha, la familia y Zacatecas. Noto mi nerviosismo y me fue imposible negar mi emoción de entrevistarlo, de hecho, al terminar la entrevista deje de lado la grabadora y libreta y pedí a mi buen amigo Andrés me tomara una foto junto a mí ídolo, hoy esa foto se guarda con celo y llegado el momento le platicaré a Iktan de aquél zacatecano que en su papel de villano lograba conquistar al público por su arrojo y dedicación por ganar la batalla en el ring.

En fin, así es la vida, todos algún día hemos de morir.

Siempre será un bonito recuerdo aquel de ir de niño a las Luchas Libres de mano de mí padre a ver al Perro Aguayo, el famoso Can de Nochistlán; llegado el momento espero ir con Iktan al renovado Palenque de Zacatecas a ver una función de Lucha Libre, ya no estará en el cartel anunciado el Perro Aguayo pero seguro estoy que mi hijo vera en algún de esos personajes ese ídolo del cual a los años podrá escribir que lo vio volar entre segunda y tercera cuerda en busca de vencer a su contrincante, así como hoy lo hago yo de Pedro “El Perro” Aguayo, el gran ídolo de Zacatecas.

Que suene pues La Marcha de Zacatecas.

Por cierto, mí carro sigue en venta y desde aquí le mandamos la mejor de las víbras al buen Andrés Sanchez en la aventura que esta por emprender en Brasil.


Rolando Cantú|CHARCO _ estoesccr


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